BIENVENIDOS

Querid@s alumn@s:

espero que el presente blog sea de utilidad para las clases de argumentación. En él encontrarán las clases publicadas tres días antes de su exposición real en clases. Ademas servirá de sistema se conexión y comunicación.

miércoles, 25 de mayo de 2011

CONTROL DE LECTURA JUEVES 26


La Educación otra vez en la encrucijada

Nuevamente las organizaciones se han lanzado a una serie de movilizaciones por mejoras en la Educación. Ellas, junto con las provocadas por la aprobación ambiental para la construcción de la central eléctrica HidroAysén en la Patagonia, ponen en jaque la comparecencia anual del gobierno al Congreso Nacional para la cuenta del 21 de mayo.

La carismática presidenta de la FECH, Camila Vallejo ha declarado que 30 años de crisis en la Educación es demasiado y que “reafirmamos nuestras demandas y seguiremos movilizados hasta obtener una respuesta concreta y favorable por parte del gobierno” a sus propuestas, que buscan recuperar la educación pública y que dice “han emanado desde el mundo social”.

La verdad es que luego de cuarenta años de municipalización de la educación básica y media, y de más de veinte de  apertura de mercado en la superior, los resultados que presenta el país no son satisfactorios. La deuda, responsabilidades más, responsabilidades menos, corresponde por igual a una elite política dedicada con ahínco, durante veinte años, a debatir modificaciones parciales en la educación nacional, pero sin tocar el paradigma privatizador iniciado por la municipalización impulsada por el Gobierno Militar en los años 80 del siglo pasado.

La primera gran ruptura, curiosamente coincidente con estas fechas, se produjo el año 2006, durante el gobierno de Michelle Bachelet. Y ocurrió a partir del sector de menor peso político y doctrinario en el mundo de la educación, el movimiento estudiantil secundario, conocido como la Revolución Pingüina. Su desenlace fue la derogación de la llamada LOCE, Ley Orgánica Constitucional de la Educación, considerada hasta ese momento como un pilar intangible de todo el sistema educativo.

Sin embargo, su reemplazo no implicó una reversión de los malos resultados en materia de calidad, ni la recuperación de la educación pública como un fundamento basal de la igualdad ciudadana, ni tampoco desarrollos significativos en materia de gestión. Así lo demuestran los hechos y los resultados.

Los actuales movimientos estudiantiles insisten en que la lógica de la libertad de empresa en educación no ha cambiado con la nueva Ley General de Educación.

Tampoco se han revertido los procesos de exclusión ciudadana, pese a que la matrícula, sobre todo en la educación superior, ha alcanzado tasas históricas. Los problemas de financiamiento siguen siendo crónicos y la política privatizadora acompañada de las focalizaciones perseguidas por la Concertación, han terminado con una educación fragmentada y quebrada, solo al alcance de los ricos en materia de calidad en las llamadas universidades “Cota 1000”.

Las cifras dan la razón a los estudiantes. La matrícula de educación superior actual   llega a 987 mil estudiantes, cuatro veces más que en 1990. Pero mientras en esa misma fecha la matrícula de las universidades públicas era de unos 110 mil estudiantes contra 19 mil en las privadas, y en total sumaba con IP y CFT 245 mil estudiantes, hoy la matrícula de las universidades privadas supera los 400 mil, y sumados los IP y los CFT  dejan a la educación pública superior solo con un magro 27%.

En materia de gasto total como porcentaje del PIB, Chile presenta uno de los mayores del mundo, con un 7.3%, muy por sobre de Irlanda (4.3%; Japón, 4.7% y Francia, 6.3%). Pero descomponiendo ese gasto según fuente, se llega a la conclusión que el 45% de el, es decir  un 3.7% del 7,3 es de origen privado, es decir corresponde a copago de las familias.

Tal cifra en un país que se encuentra entre los 10 con peores distribuciones de ingreso en el mundo, deja expuesta una realidad dramática en materia de financiamiento.

A ello hay que agregar la duración de las carreras y lo que el profesor Sergio Martinic de la Facultad de Educación de la Universidad Católica llama el riesgo de perder la universidad como el último espacio de integración social que le queda al país por las diferencias económicas en materia de financiamiento, muestran un panorama que no se presta para cuentas alegres.

De ahí que se deba pasar de focalización a políticas públicas integrales, lo que hasta ahora ha estado ausente. El Mineduc, que cada cierto tiempo habla de revolución educativa, requiere pasar de un simple inyector de recursos y evaluador de resultados a ser una institución que impulse una educación prioritaria integral, acorde con las necesidades del país.

domingo, 1 de mayo de 2011

DEBATE MAYO

Paternidad y Maternidad Homosexual 

Padres del mismo sexo
La estructura de las relaciones de pareja ya no es únicamente heterosexual. La sociedad es consciente (y a su manera dice tolerar) de las relaciones entre hombres y de las relaciones entre mujeres.

Reconocer y aceptar los derechos de las familias no tradicionales es un reto que nuestra sociedad lentamente debe ir consiguiendo pero junto a ese esfuerzo van apareciendo nuevas necesidades de las parejas homo, por ejemplo la paternidad. Cuando se aborda este punto las opiniones ya no son tan unánimes
Mucha literatura científica admite que los niños que crecen con 1 o 2 padres homosexuales se desarrollan de forma similar en lo cognitivo, social, emocional y sexual que los niños con padres heterosexuales.

El óptimo desarrollo de los niños parece ser más influenciado por la naturaleza de las relaciones e interacciones dentro de la familia que por la forma estructural particular de la misma.
No existen estadísticas exactas sobre el número de padres homosexuales que existen en las poblaciones, aunque en USA se estima que entre 1 y 9 millones de niños tienen al menos un padre homosexual.

La investigación sobre la diversidad de las relaciones parentales entre padres homosexuales y lesbianas recién está en sus primeros pasos.

En los hijos de parejas homosexuales es muy importante tener conciencia que su desarrollo en general es adecuado cuando existen relaciones amistosas, responsables e incluso cuando conocen a edades tempranas la realidad de la situación.
Es fundamental que las tareas paternas sean compartidas y que no existan conflictos en la pareja.
Probablemente nunca antes los homosexuales habían sido tan aceptados y respetados como en la actualidad. Hoy en día reconocer la homosexualidad se ha convertido, en muchos círculos, como un acto sin connotaciones de estigmatización que anteriormente sí determinaba el etiquetaje negativo del individuo y su aislamiento del grupo social.


Se acepta la homosexualidad o al menos no está bien visto criticar a los homosexuales por su propia condición. Del mismo modo que no está bien visto ser racista o no ser ecologista. Sin embargo, esa imagen social de las actitudes ¿coincide con la verdadera opinión y valoración que se realiza en ambientes más íntimos? ¿Se acepta la adopción por homosexuales?

Si la homosexualidad es algo natural y válido debe ser igualmente aceptable otorgar a los homosexuales todos los derechos y consideraciones que al individuo heterosexual.
Ser criado por padres homosexuales no debe implicar problemas añadidos al proceso de educación.

La mayoría de los hijos de padres homosexuales nacieron en el contexto de una relación heterosexual que terminó cuando uno de los cónyuges reconoce su verdadera orientación sexual.

En otras ocasiones el hombre gay o la mujer lesbiana pueden decidir solos o en pareja convertirse en padres adoptivos o incluso utilizar las nuevas técnicas reproductivas. En Estados Unidos se conoce ya con el nombre de gayby boom el fenómeno de padres gay (Crespi, 2001).
Los niños con padres gay o lesbianas no estrían en mayor riesgo de abuso sexual que los niños criados por padres heterosexuales. En realidad, el 95% de todos los abusos sexuales cometidos contra las niñas y el 80% de los abusos a varones son perpetrados por hombres heterosexuales.

Sin embargo la huella de los estereotipos negativos de las capacidades parentales de los hombres gay y mujeres lesbianas provoca creencias que dificultan la aceptación de la crianza normal por parte de los homosexuales. Ideas como su menor aptitud maternal, la posibilidad de mayor pedofilia o el desajuste psicosocial de los niños invaden las opiniones.


Aparentemente la probabilidad de que estos niños sean adultos gay o lesbianas no es mayor que la de los niños de padres heterosexuales, situándose en un 10% aproximadamente la prevalencia de homosexualidad en los hijos de padres gay o madres lesbianas, resultado similar a la prevalencia de la orientación homosexual en la población general.


Los hijos de estas familias desarrollan una identidad sexual (sentirse hombre o mujer) que no se ve afectada por la orientación sexual de sus padres. Además, los roles de género de estos chicos y chicas (las conductas culturalmente vinculadas con el hombre o la mujer, preferencias de juguetes y juegos, elección de personajes favoritos, ropa preferida...) son perfectamente ajustadas; incluso diversos estudios psicológicos han hallado una mayor femineidad en las hijas de lesbianas que en las hijas de madres heterosexuales.
Como consecuencia deberíamos poder concluir que los hijos de homosexuales se desarrollan de la misma manera que los hijos de heterosexuales y la calidad de su ajuste y equilibrio personal y social depende más de las aptitudes de los padres que de su condición sexual.
Las críticas (Baumrind, 1995; Belcastro, Gramlich, Nicholson, Price y Wilson, 1993; Cameron y Cameron, 1997) sobre los resultados de las investigaciones empíricas que apoyan la falta de diferencias sistemáticas entre los niños criados por madres lesbianas o padres gay y los de las familias heterosexuales se centran especialmente en aspectos del diseño de la investigación. Consideran que la calidad de los datos no suficiente para llegar a dichas conclusiones, no siendo aún la investigación definitiva. Las muestras suelen ser escasas, afectando a la potencia estadística, y auto-selectivas (snowball techniques).


A pesar de ello, la evidencia actual es unánime al revelar que los niños de padres gay y madres lesbianas no difieren sistemáticamente de los niños criados en familias heterosexuales y por lo tanto la calidad de la parentalidad es semejante. El ajuste social y psicológico del niño no está relacionado con el sexo de sus padres sino con las aptitudes que como padres deben ejercer. Ser un buen padre o una buena madre no está relacionado con ser heterosexual u homosexual sino con saber cubrir las necesidades que los niños manifiestan, dar amor y consistencia en las relaciones familiares.

Un punto a destacar es lo habitual de las bromas que son blanco y la consiguiente sensación de verguenza que suele generarse entre los niños de padre/s de un mismo sexo pero paradójicamente estos niños si reciben una adecuada educación en el hogar pueden entender y describir muy bien su realidad, hecho que es más dificultoso en niños de padres separados hetersexuales.z

Se ha notado que niños de padres homosexuales son muy cuidados con los más pequeños y que son más tolerantes a la diversidad.
En un estudio realizado ninguno de los niños en edad preadolescente analizados, hijos de madres lesbianas, presentó confusión con la identificación de su género, deseos de pertenecer a otro sexo, comportamientos propios del género opuesto. No se observaron diferencias en los juegos, actividades, vestimenta o preferencias de amistades.


En el caso de adultos jóvenes se encontró una la diferencia en cierta aceptación a la posiblidad de tener a futuro una pareja del mismo sexo o a involucrarse en alguna relación homosexual.


Es mucho lo que falta investigar para aprender en este tema, pero las primeras investigaciones, como se ve, ya están dando datos que pueden generar polémica pero que no pueden negar los cambios culturales que se vienen dando en distintos ambitos del vivir y lógicamente esto incluye la sexualidad.
Bien claro es lo que expresa el Dr Boggiano (de la Sociedad Argentina de Pediatría) cuando dice "Lo que realmente importa es el afecto, la contención y una mirada que reconozca al niño, teniendo como base un vínculo adecuado capaz de aportar los alimentos concretos y simbólicos como ordenadores de la humanización, para la individualización y desarrollo humano"

PATERNIDAD HOMOSEXUAL